Feb 09, 2026
Hay trayectorias que no se explican solo con resultados deportivos, sino con acentos y decisiones valientes. La de Yvonne Losos de Muñiz es una de ellas. Nacida en Nigeria en 1967 y criada en Kenia, su primer contacto con los caballos no tuvo lugar en un típico picadero europeo, sino entre cebras, antílopes y el polvo rojo de África. Aquel escenario salvaje marcaría para siempre su manera de entender la equitación.
De niña, montar era parte de su vida cotidiana. Al salir del colegio, el caballo la esperaba como un pasaporte hacia un territorio donde la naturaleza imponía sus reglas. Aprendió a mantener el equilibrio entre terrenos irregulares, a leer los movimientos de los animales que la rodeaban y, sobre todo, a respetar al caballo como compañero que es. Lo que entonces parecía un día a día normal, hoy se ha convertido en la raíz de su identidad como amazona.
Sus inicios fueron en el Salto, disciplina en la que se formó durante años. Sin embargo, el destino la llevó a descubrir la Doma Clásica casi por casualidad. Conoció a Don Manuel Vidrie, que le abrió las puertas de otra forma de montar: más sutil, más técnica, basada en ayudas mínimas y en la comunicación fina con el caballo.
Aquel encuentro cambió el rumbo de su carrera. Yvonne encontró en la Doma un lenguaje del que se enamoró. Desde entonces ya no hubo vuelta atrás.
Aunque su vida ha transcurrido entre continentes, siempre ha competido representando a la República Dominicana. Habla del país como de una gran familia, de un lugar que la ha acompañado a cada pista en la que ha competido.
Ese camino la llevó a hacer historia en Río de Janeiro 2016, donde se convirtió en la primera amazona dominicana en participar en Doma Clásica en unos Juegos Olímpicos. Recuerda aquel debut como una mezcla de vértigo y orgullo: el respeto ante los mejores del mundo y, al mismo tiempo, la certeza de estar viviendo un momento irrepetible. Después llegarían más citas internacionales, Panamericanos y grandes campeonatos que fueron moldeando su carácter competitivo.
Hoy su base está en España, en el verde de Asturias. Allí ha encontrado un equilibrio personal y profesional con el que está encantada. Desde ese rincón del norte continúa entrenando y desarrollando su faceta como formadora.
Porque Yvonne no se ve solo como deportista, sino también como entrenadora. Disfruta acompañando a otros jinetes, evitando que tropiecen donde ella tropezó y recordando siempre que la equitación es un aprendizaje sin fecha de caducidad.
La historia de Yvonne Losos es la de una mujer que ha unido continentes a lomos de un caballo. De las llanuras africanas a los cuadrilongos olímpicos, de la intuición infantil a la técnica más depurada.
Cuando mira atrás no habla únicamente de medallas, sino de maestros, de caballos concretos, de países que la hicieron crecer.